miércoles 15 de febrero de 2012

11-M: LA JUSTICIA MIRA HACIA OTRO LADO

Nueva York, 1931. Charlie Lucky Luciano estaba furioso. Su jefe, Joe Masseria (The Boss), perseguía con ferocidad a los castellammarenses de Brooklyn. Deseaba exterminarlos. Y la guerra estaba costando dinero. Los camiones encargados de transportar el alcohol ilegal eran boicoteados sistemáticamente por la banda rival. Incluso otras familias del crimen organizado se habían visto obligadas a intervenir en un conflicto que se convirtió a gran escala. Stefano Maggadino, de Búfalo, enviaba semanalmente cinco mil dólares a Salvatore Maranzano (padrino de los castellammarenses de Brooklyn). Mientras, Al Capone, en Chicago, se congraciaba con Masseria, eliminando a una figura emblemática de los castellammarenses como Joseph Aiello. En definitiva, interpretaba Lucky Luciano, los prejuicios sicilianos tanto de Masseria como Maranzano, incapaces de firmar la paz y restablecer el negocio, estaban abocando a la Cosa Nostra a su destrucción. Luciano, en cambio, reivindicaba una Mafia a la americana y acorde a los nuevos tiempos, donde judíos como Lansky y Siegel cobraban un papel fundamental. Tras meditarlo, Luciano se puso en contacto con Maranzano. Le hizo saber, por medio de Joe Bonanno, que asesinaría a su jefe Masseria, siempre en cuando se pusiera fin al dearramamiento de sangre que mantenía estrangulada la actividad económica. Maranzano aceptó.

Así las cosas, Luciano se citó con Masseria en un restaurante de Coney Island, donde ambos departieron amistosamente durante la comida. Se excusó para ir al cuarto de baño, y aguardó a que unos verdugos contratados por él mismo irrumpieran en el establecimiento para disparar a bocajarro contra quien hasta ese instante había sido su jefe. La operación había sido un éxito. Cuando la policía lo interrogara él siempre podría contar, sin necesidad de amañar los testimonios, con las declaraciones de los camareros, que corroborarían que Luciano no se hallaba en el escenario del crimen en el momento en que éste se produjo. El precursor de la Cosa Nostra moderna se encontraba, sencillamente, en otro lado.

A la Sección 17 de la Audiencia Provincial de Madrid, como a Luciano, también le gusta mirar hacia otro lado cuando algo incómodo está sucediendo a su alrededor. Juan Jesús Sánchez Manzano, jefe de los Tedax en el 11-M, estaba imputado desde julio de 2009 por los delitos de falso testimonio, omisión del deber de perseguir delitos y encubrimiento a raíz de una querella interpuesta por la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M que fue admitida a trámite. Con el sobreseimiento libre dictado por la Audiencia de Madrid, los magistrados José Luis Sánchez Trujillano, Ramiro Ventura y Rosa Brobia dan carpetazo a la causa que existía abierta hasta ese momento contra Sánchez Manzano. No contentos con su buen hacer, los magistrados deciden adornarse en el auto: “Consideramos que los hechos que se denunciaron por el partido político Alternativa Española y de los que conoció el Juzgado de Instrucción Número 6 de Madrid en sus diligencias previas son los mismos hechos que fueron denunciados por la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11 M…”

Es decir, que...

Sánchez Manzano puede permitirse afirmar una cosa y la contraria en referencia al explosivo que estalló en los trenes el 11-M, que siempre existirá algún juez que haga la vista gorda.

Sánchez Manzano puede custodiar de forma irresponsable unas muestras recogidas en los trenes que, como afirma Luis del Pino, “desaparecieron a centenares”, ya que siempre habrá algún tribunal que decida ponerse una venda en los ojos.

Sánchez Manzano puede desatender su obligación de enviar dichas muestras a Policía Científica para el pertinente análisis químico, puesto que siempre existirá algún magistrado dispuesto a sacarle las castañas del fuego.

En definitiva…

Sánchez Manzano puede hacer y deshacer, decir y desdecirse, ya que, se ponga como se ponga Javier Gómez Bermúdez, aquí nadie termina marchando “caminito de Jerez”.

viernes 6 de enero de 2012

CURRÍCULUM MORTIS

Tras observar las imágenes en portada de JFK y Marilyn Monroe pensé que me encontraba ante una novela histórica. Pensé que, tal vez, el audaz periodista Dan Foster, nexo entre pasado y presente, no impediría a Luis Murillo adentrarse en un período histórico que comprendería los convulsos años cincuenta y primeros de los sesenta. Pero erré. Pues, en Currículum Mortis no se utiliza el presente como excusa para disertar sobre el pasado, sino, más bien, justo lo contrario. Así, tanto el magnicidio de Dallas en 1963, como la misteriosa muerte padecida por la actriz rubia platino en el barrio Brentwood, de Los Ángeles, el año anterior no tendrían otra utilidad que la de justificar las aventuras de nuestro intrépido periodista.

Existen determinados fragmentos del relato anclados en el tópico y que, ciertamente, producen rubor. Que una rubicunda y exquisita agente de la CIA se interese (hasta el punto de jugarse la vida y la hacienda) por Dan Foster, a la sazón, un periodista español metido en años, que lleva una vida desordenada y atesora un físico nada llamativo, no sólo resulta inverosímil, sino absolutamente demencial. Si por añadidura, el flirteo es consumado en un bar mientras nuestro latin lover enarbola seductoramente un Dry Martini ante semejante belleza, la escena sólo puede contener un doble significado: que el autor de Currículum Mortis no anda nada escaso de imaginación; y que, por añadidura, le encantaría hallarse en el lugar de Dan Foster.

A este último (Dan Foster), pese a ser el protagonista, no se le recuerda ninguna de esas sentencias que dejan huella en el imaginario colectivo. Ninguna expresión chispeante que el lector pueda retener en la mente. Nunca un personaje con tanto a favor (es perseguido implacablemente por una organización paraestatal, llegando a sufrir un atentado) resultó tan poco carismático. Por otra parte, los constantes celos con motivo de los devaneos amorosos del célebre escritor y el lenguaje soez que utiliza de principio a fin de la obra, convierten a la editora catalana (encargada de publicar los libros de Foster) en un personaje absolutamente plano y carente de interés. Mucho más interesante que los anteriores resulta, sin ningún género de dudas, Richard Parker, con sus malignas ampollas contra el envejecimiento, sus silencios elocuentes y su lealtad al trigésimo quinto inquilino de la Casa Blanca presidiendo el conjunto de la obra.

Huelga reconocerle al autor el empleo de un lenguaje directo y electrizante, lo que prolonga el tiempo de lectura indefinidamente, o, para ser exactos, hasta que el sueño hace mella en uno como fruto del agotamiento. Las descripciones, de los múltiples puntos geográficos en los que Foster se da cita para recabar información, son sucintas, lo cual se agradece, ya que no resultan determinantes en el curso de los acontecimientos. La tesis sobre la que se sustenta la obra es manifiestamente comercial, de tan disparatada. A saber: los óbitos tanto de Marilyn Monroe como de JFK no se produjeron en el tiempo y lugar marcados por la Historia. Ambos respondieron a un doble montaje ideado por la CIA.

Obviamente, Murillo se beneficia del clima de confusión que reina sobre dichos sucesos (en derredor de los cuales se han vertido auténticos ríos de tinta) y aprovecha las nebulosas condiciones que ofrecen para publicar una novela que a unos podrá gustar más que a otros, pero que, en definitiva, resulta notablemente sugestiva y amena.

sábado 24 de diciembre de 2011

GOBIERNO DE LUCES Y SOMBRAS

Es obvio que la composición del nuevo Gobierno ha estado marcada por la brutal crisis económica que padece la nación. En ese sentido, resultaban harto previsible los nombramientos de dos pesos pesados en el área económica como Luis de Guindos y Cristóbal Montoro para las carteras de Economía, y Hacienda respectivamente. La creación de empleo, o al menos, el impedir que continúe destruyéndose, supondrá la máxima aspiración del Ejecutivo presidido por Mariano Rajoy.

Asimismo, resulta evidente que el flamante presidente renuncia, con nombramientos como los de Gallardón, en Justicia; Jorge Fernández Díaz, en Interior; o José Ignacio Wert, en Educación, a consumar cualquier cambio relevante en la nueva singladura con respecto a la finiquitada era socialista.

Con Gallardón en Justicia los avances que puedan producirse en las investigaciones del 11-M y el Caso Faisán se antojan no imposibles, sino milagrosos. El hombre de PRISA en el PP, siempre obsequioso con el socialismo golpista y despilfarrador, procurará llevarse con el PSOE y huir, como de la peste, de las víctimas del terrorismo, que al fin y al cabo representan al español medio. Desde dicho ministerio el ex alcalde de Madrid garantizará la impunidad de los hurtangarines, pepiños de acreditada adicción a las gasolineras, faisanes, y terroristas (con txapela, o bien, islamistas al uso, depilados y provistos de doble capa de calzoncillos) para respetar el statu quo. Don Mariano no quiere complicaciones (“La economía lo es todo”) y ha nombrado a Gallardón ministro de Justicia para pasar página y huir de los titulares de prensa.

Con la adjudicación de la cartera de Interior a Fernández Díaz, Rajoy mata dos pájaros de un tiro: nombra, por una parte, a alguien de su entorno para un puesto clave como es el de máximo responsable de las Fuerzas de Seguridad del Estado; mientras que por otra, lanza un mensaje a los periodistas díscolos. Al fin y al cabo, cuando hablamos de J.F.D., lo hacemos del verdugo de la otrora COPE de Jiménez Losantos y César Vidal.

En lo concerniente a Educación, los profesores, tradicionalmente de izquierdas en nuestro país y responsables directos del estado comatoso en el que se halla la enseñanza, se encuentran de enhorabuena, ya que el encargado de esta área no es otro que José Ignacio Wert, colaborador del grupo PRISA. El nuevo ministro está llamado a entenderse con los sindicatos y a desentenderse de una revolución tan imprescindible como necesaria en el ámbito educativo. El mérito y la búsqueda de la excelencia pueden esperar. Más statu quo.

lunes 21 de noviembre de 2011

DESINSTALANDO PSOE DEL GOBIERNO

Lo más destacable de la jornada de ayer, al margen de la ignominiosa presencia etarra en el Parlamento bajo la marca electoral Amaiur, no fue la aplastante victoria del PP, con 186 escaños (sólo tres más de los que cosechó Aznar hace once años), sino la humillante derrota de un PSOE zapalcabiano que se queda ocho escaños por debajo de sus peores resultados obtenidos en 1977. Es decir, con 110 escaños. Si será tremendo el varapalo, que incluso Almunia pudo presentar ante su electorado unos resultados más decorosos (125) en el año 2000. Lo que no impidió que presentara su dimisión aquella noche.

Mucho ha llovido desde entonces. Y Rajoy se presentaba a las elecciones en 2004 con unos credenciales basados en una política económica responsable y eficiente articulada por su predecesor. Pero entonces se produjeron los atentados del 11-M, donde 191 personas fueron asesinadas brutalmente. Y la izquierda ex pañola, llevada en volandas por Zapatero y los chicos de Ferraz, observó en la masacre una excelente oportunidad para plasmar en la calle una movilización, que había sido convenientemente ensayada el año anterior con motivo de los comicios autonómicos y de la Guerra de Irak. Una guerra, a la que, al menos, bajo mandato aznarista nunca asistimos, pero que la izquierda utilizó de forma artera y miserable para erosionar políticamente al Ejecutivo. En las elecciones, naturalmente, arrolló el PP. No obstante, la izquierda había conseguido crear a medio plazo un caldo de cultivo en la sociedad española basado en el odio y el resentimiento. El nivel de crispación aumentó hasta límites insoportables, sobre todo en determinados círculos como en el caso de las universidades. Por lo que cuando el terrorismo golpeó con saña el corazón de Madrid, ya existían unas huestes socialistas dispuestas a todo con tal de llegar al poder, o evitar que el PP lo hiciera. Con la ayuda inestimable de la SER, que se cubrió de gloria inventando la presencia de un terrorista suicida, rasurado y con doble capa de calzoncillos en uno de los trenes, el PSOE pudo remontar el vuelo en unas elecciones que tenía perdidas de antemano.

El guión de asalto al poder fue ejecutado milimétricamente. Y a la burda manipulación mediática llevada acabo por PRISA, siguieron la violación por parte de Rubalcaba de la jornada de reflexión (“España no se merece un Gobierno que miente”) y el cerco a las sedes del PP en distintas ciudades de la geografía española. Algunos, como en el caso de Gemma Nierga, incluso conocieron el amor entre berrido va y berrido viene.

La escuálida mayoría obtenida en las urnas por el PSOE, en tan excepcionales circunstancias, fue utilizada por Zapatero para desmantelar el Estado durante los cuatro años siguientes con la oposición del PP y de unos pocos medios de comunicación. España, que para ZP no es más que un “concepto discutido y discutible”, pasó de aliarse con naciones respetables como EE.UU, a hacerlo con otras absolutamente corrompidas como las lideradas por Chávez, en Venezuela, o por Evo Morales, en Bolivia. Tanto la Educación para la Ciudadanía, como la Ley de Memoria Histórica, dejan muy a las claras el empeño protagonizado por el PSOE en no poner freno a la pedagogía del odio, en acometer una ingeniería social basada en una sistemática manipulación de la realidad histórica y actual que le proporcione un reducto de aborregados votantes a perpetuidad. Si algo positivo cabe extraer de la crisis económica es que dicho proyecto quedó inacabado.

Una crisis, que por cierto, el PSOE tardaría varios meses en reconocer, tildando al mismo tiempo de antipatriotas a quienes no osaban comulgar con sus ruedas de molino. De nada sirvieron las advertencias realizadas por Manolo Pizarro en su debate mantenido con Pedro Solbes (“Hablar de crisis, en estos momentos, resulta enormemente exagerado”) en 2008, pues una sociedad escasamente informada y anestesiada por la telebasura concedió la mayoría para formar Gobierno a un Zapatero embustero y venido a más.

Durante estos tres últimos años, España se ha visto sacudida por una crisis brutal, que ha afectado a miles de familias. Cinco millones de desempleados así lo prueban. Dos han sido las instituciones que, sin embargo, se han mostrado a la altura de tan hostiles circunstancias: la familia, refugio natural del español medio, y la Iglesia, con su impagable labor realizada en los comedores sociales.

El Gobierno, por su parte, ha limitado sus atribuciones a pactar con terroristas, reunirse con empresarios poco recomendables en gasolineras o, en el caso del presidente del Congreso, a incrementar su ya de por sí abultado patrimonio inmobiliario. Así las gastan los socialistas cuando catan el poder.

Ante adversario tan inútil, torpe y, en definitiva, manirroto, el PP rajoyesco ha aguardado el último año esperando a que el poder regresara a sus manos con la misma naturalidad que la fruta madura cae del árbol. Sin prisas ni complicaciones. Lo que, tal vez, no le ha beneficiado a la hora de captar nuevos votantes, pero que, en cambio, ha propiciado la desmovilización de las bases del partido adversario.

Rajoy, como resulta previsible, se centrará durante la próxima legislatura en la economía, tratando de enderezar el rumbo de este desnortado país. Ello no debería excusarle, sin embargo, del incumplimiento de otras obligaciones, tales como la despolitización de la Justicia, reformar la Ley Electoral, mostrarse implacable con la corrupción, ilegalizar Amaiur, o la investigación del 11-M. Aunque no me hago demasiadas ilusiones al respecto. Por de pronto, me limito a celebrar la contundente derrota sufrida por el PSOE en las urnas, como tantos otros millones de españoles. Por ellos va este artículo.

lunes 14 de noviembre de 2011

LA LEY DEL SILENCIO


La ley del silencio (1954) es una espléndida película dirigida por el maestro Elia Kazan, donde se nos muestra la dura vida de los estibadores en unos muelles neoyorquinos controlados de modo implacable por la Mafia. Terry Malloy (Marlon Brando) es un ex boxeador a sueldo de la Mafia que, pese
haber sido testigo de numerosos delitos cometidos por la organización, respeta escrupulosamente la omertà y no denuncia los hechos ante la policía. Sólo se sentirá inducido a hacerlo tras conocer a Edie Doyle, la hermana de una víctima de los hombres de Johnny Frie
ndly, con la que simpatiza rápidamente. En su interior se había producido una notable transformación, en la que comportamientos que antes le parecían perfectamente comprensibles, ahora le causaban honda repulsión.

Precisamente, un sentimiento de repulsión me anima a escribir estas líneas acerca del debate mantenido entre Rajoy y Rubalcaba hace siete días. A decir verdad, cuanto sucedió en éste resulta absolutamente irrelevante. El lapsus freudiano de Rubalcaba (“Ahora, es usted el que miente”), o que Rajoy leyera más de la cuenta, en el caso de que lo hiciera, son cosas que, a mi modo de ver, carecen de total importancia. Tal vez motivado por un pacto que algunos han calificado de caballeros, o por una omertà que invade la película de Kazan de principio a fin, el caso es que el silencio protagonizado por Rubalcaba y Rajoy en el debate sobre temas de indiscutible trascendencia deja muy a las claras la desvergüenza de una casta política cuya finalidad en este valle de lágrimas no es otra que llevárselo crudo. Nada se habló en el citado debate sobre el modelo territorial de España (Estado de las Autonomías), el Estatuto de Cataluña, la Ley Electoral, la Ley del Menor (con el Caso Marta del Castillo de rabiosa actualidad), el Caso Faisán o el reciente comunicado de ETA; como tampoco se mencionó una sola palabra sobre la corrupción que campa por sus respetos en esta pobre nación nuestra. La imputación de Camps o la afición de Pepiño Blanco por las gasolineras fueron cuestiones que no interesaron lo más mínimo a ambos candidatos a la presidencia del Gobierno.

Por supuesto, no existió referencia alguna a la financiación de partidos políticos y sindicatos, ni a los innumerables privilegios que atesora la casta política. Nada, sobre la independencia de la Justicia, como tampoco nada acerca del futuro de la Unión Europea o la crisis del euro. Y cuando llegó el turno de hablar sobre el papel de la mujer en nuestra sociedad, ambos líderes políticos se empeñaron en presumir de las numerosas féminas que integran sus equipos de confianza, en lugar de pronunciarse acerca de la violencia de género, que está dejando decenas de mujeres asesinadas al cabo del año, o de explicar la posición que mantienen ante un tema tan controvertido como el aborto. Si resultará desalentador el panorama, que en lugar de despertarme gran interés qué partido conseguirá alzarse con la victoria en las elecciones generales del próximo domingo, sólo lamento, en cambio, el hecho de que Kazan no se halle entre nosotros en el momento presente. Hubiera filmado una excelente película sobre la situación que estamos viviendo.

sábado 22 de octubre de 2011

EL ESTADO SE RINDE

Resulta bochornoso comprobar cómo no pocos han acogido el ignominioso comunicado etarra con idéntico alborozo al beso de buenas noches que puedan recibir de la propia madre. No será que no resultaba previsible la aparición de un comunicado al que el Gobierno socialista lleva durante toda la presente legislatura mendigando a la ETA para que finalmente se produzca. Don Mariano puede decir misa, pero resulta evidente que han existido y continuarán existiendo concesiones políticas por parte del Ejecutivo: legalización de Bildu, Caso Faisán y la Conferencia Internacional de Paz, con mediadores extranjeros bien pagados incluidos. Sin embargo, ¿qué necesidad tenía Rajoy de tenderle un capote al Gobierno al afirmar en tono solemne que no se han producido “concesiones políticas”? Podría haber omitido perfectamente la frase si de pasar desapercibido se trataba para impedir la movilización de las huestes socialistas. Pero no. Don Mariano se ha retratado de lo lindo. Por lo que yo me pregunto: ¿está relacionada la salida del PP de María San Gil con el proceso de rendición que lleva encabezando desde hace años el Ejecutivo, y al que, por lo que sabemos, el jueves se sumó formalmente el PP de Mariano Rajoy?

De ser afirmativa la respuesta, ahora entiendo el porqué don Mariano nunca dijo ni pío sobre un caso tan espeluznante como el del Faisán, remitiendo toda la carga de responsabilidad sobre los hombros de un político al que respeto, como Ignacio Gil Lázaro, pero en todo caso secundario y ajeno a la cúpula del PP. Al fin y al cabo, se ha producido, como asevera María Claver, y algunos otros periodistas (aunque no los suficientes), un cambio radical del escenario, donde la naturaleza totalitaria del protagonista continúa siendo la misma y sus métodos homicidas persisten sobre el horizonte de una negociación política en forma de chantaje, pero en el que la voluntad del resto de actores se ha transformado y queda ahora sometida a la hoja de ruta trazada por los terroristas. La ETA no cambia, son las instituciones del Estado de Derecho las que han claudicado.

Tanta euforia se respiraba durante el momento de la noticia en los medios de información progres, que ninguno de ellos quiso reparar en la flagrante contradicción contenida en apenas un parrafito de la nota etarra. A saber:

ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada. ETA hace un llamamiento a los gobiernos de España y Francia para abrir un proceso de diálogo directo que tenga por objetivo la resolución de las consecuencias del conflicto y, así, la superación de la confrontación armada.

Es decir, que el “cese definitivo” de la violencia etarra no resulta tan definitivo como pudiera parecer en principio, ya que se encuentra supeditado al “diálogo directo” con los gobiernos de España y Francia en los términos deseados por los terroristas.

El jueves resultó un día nefasto para la nación, nuestras libertades y, especialmente, para las víctimas, a quienes los españoles de bien respetamos, queremos y brindamos todo nuestro apoyo. Escuchar a los líderes de los principales partidos políticos leer de un papelito sendas declaraciones en las que se plegaban a los deseos de negociación de los terroristas resultó harto penoso. Por supuesto, tras la intervención de éstos, no se admitieron preguntas, quedando la función del periodista relegada a la de notario mayor del Reino, como afirma Dieter Brandau. Se quedó corto.

Por cierto, hablando de reyes, o, más bien, de aspirantes a serlo, el Príncipe Felipe asistió ayer a la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2011, y, en sintonía con los dos grandes partidos políticos, afirmó, sobre el comunicado de marras, que se trata “de una gran victoria de nuestro Estado de derecho.” Barrunto que para lo que algunos supone vil rendición y motivo de luto nacional, para otros resulta, en cambio, motivo de celebración, alharaca y jolgorio. Así nos va.

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