viernes, 14 de febrero de 2014

CURIOSIDADES SOBRE ALGUNAS PELÍCULAS DE LA MAFIA



De mención obligatoria resulta la magnífica película de Howard Hawks, Scarface, el terror del hampa (1932). Al parecer, la relación incestuosa que Tony Camonte (en realidad, Al Capone) mantiene con su hermana a lo largo del film está basada en la del histórico personaje César con Lucrecia Borgia. Se trata de uno de los aspectos más notables de la obra de Hawks que, posteriormente, incorporaría Brian De Palma en su conocido —y sobrevalorado— remake El precio del poder (1983). Pero sigamos con la obra de Hawks. Porque el fallido atentado que sufrió Al Capone el 20 de septiembre de 1926, y que a punto estuvo de costarle la vida, también es recogido de manera vistosa en la cinta. Por otra parte, observamos a un repeinado George Raft, en el papel de Gino Rinaldo, lanzando una moneda al aire en determinadas secuencias de la película. Cuentan que el director Hawks se sintió impresionado por una historia que había oído sobre uno de los hombres de Al Capone, Jack McGurn (cuyo nombre real era Vincenzo DeMora), que solía depositar una insignificante moneda de cinco centavos en la palma de sus víctimas en señal de menosprecio, y decidió darle entrada en su obra. Más tarde, en Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959) George Raft se parodió a sí mismo al decirle a uno de sus hombres, que insistía en juguetear con una moneda, : "¿Dónde aprendiste ese estúpido truco?" Raft fue amigo de Bugsy Siegel, el creador del Flamingo, primer hotel casino de Las Vegas. Siegel, que, como sabemos, acabó con una bala metida en la cabeza, era alguien que mostraba interés por el cine hasta el punto de llegar a pagar para que le hicieran una prueba como actor. Lo cierto, y volviendo a Raft,  es que lejos de la cámara no le fue tan bien. En 1967, residiendo el actor en Londres, fue expulsado por el Gobierno británico por dirigir el Colony Club, un casino que contaba con el respaldo directo de la mafia de Londres.

En Los intocables de Eliot Ness (Brian De Palma, 1987) contemplamos una escena inspirada en hechos reales cuando Al Capone (insuperable, Robert De Niro) golpea con saña en la cabeza a un traidor utilizando un bate de béisbol. A decir verdad, el director del film se quedó corto, ya que en realidad Capone la emprendió a golpes con tres —y no uno— de sus hombres durante el transcurso de un opíparo banquete. El boss contaba con indicios de que tanto Albert Anselmi como Joseph Guinta y John Scalise estaban manteniendo tratos ocultos con otra banda. Por otra parte, he de decir que a Brian De Palma debemos gratitud por no haber alargado más de la cuenta la película. De lo contrario, habríamos asistido al declive de un Eliot Ness que terminaría sus días alcohólico, abandonado por su esposa y sumido en una gran depresión tras haber cosechado un estrepitoso fracaso en la captura de un peligrosísimo asesino en serie que actuaba en el área de Cleveland. El hombre que puso entre rejas al gran Al Capone, murió a la edad de cincuenta y cuatro años debido a un infarto de miocardio.

Observamos en una de las secuencias de Uno de los nuestros (Martin Scorsese, 1990) a un jovencísimo Michael Imperioli que es disparado en un pie por Joe Pesci (más tarde, éste decidirá incluso arrebatarle la vida), en su papel de gánster impulsivo y trastornado. Bien, pues en Los Soprano (David Chase, 1999) este hecho es reproducido con un Imperioli de edad más avanzada, que esta vez asume el papel de tirador y no el de víctima. Christopher Moltisanti apunta directamente al pie de un pastelero al considerar que éste no se había estado dirigiendo a él con el debido respeto. Un guiño al espectador. Por cierto, que ya que traemos a colación la extraordinaria serie de David Chase, conviene resaltar un aspecto: hubo quien le tomó gusto al papel. En 2005 Lillo Brancato Jr., uno de los actores de la serie, fue tiroteado mientras supuestamente trataba de asaltar una casa en compañía de Steven Armento, un asociado de la familia Genovese. Brancanto, para entendernos, encarnó a uno de los personajes que atentaron contra la vida de Christopher Moltisanti. La incursión de Tony Sirico en el crimen organizado tuvo lugar décadas antes de producirse la serie. Llegó a cumplir prisión. Cuando le propusieron interpretar el papel de Paulie Gualtieri sólo puso una objeción: no deseaba hacer de soplón.

En Donnie Brasco (Mike Newell, 1997) no nos han contado toda la verdad. De entrada, Joe Pistone nunca sintió fascinación por el papel de gánster que interpretaba al servicio del FBI en calidad de agente encubierto. Así se encargó Pistone de subrayarlo en un libro suyo, donde explica de manera inequívoca que el FBI se sirve provechosamente de agentes infiltrados para combatir con mayores garantías de éxito el crimen organizado. Leemos a lo largo del relato de Pistone como él sí legitima este procedimiento frente a no pocos de sus compañeros que han confesado en privado sentir remordimientos de conciencia ante una supuesta traición infligida por parte de ellos a los gánsteres. En segundo lugar, Donnie Brasco (así era conocido en el hampa) no reunió una cantidad significativa de dinero con el fin de ayudar a Lefty Ruggiero (Al Pacino) a que cambiase de estilo de vida abandonando la Cosa Nostra. Ni mucho menos, llegó a golpear a su esposa durante el curso de una acalorada discusión en la que se llegó a mentar el dinero reunido para Lefty. Nada de eso es cierto. En tercer y último lugar, Ruggiero no es asesinado por sus compañeros de la Mafia. En una de las últimas escenas de la película, podemos contemplar al gánster desprendiéndose de sus objetos personales y previniendo al espectador acerca de su fatal desenlace. Suponemos que con la invención de este hecho, y lo mismo ocurre con los otros dos señalados con anterioridad, se persigue la finalidad de dotar a la película de una mayor carga dramática. Lo cierto es que de ese modo la realidad queda desvirtuada. 

viernes, 7 de febrero de 2014

CURIOSIDADES SOBRE EL PADRINO

     
Dedicado a mis lectores de América...


Prescindamos por un instante de datos tan conocidos por la crítica como que Marlon Brando utilizó bolas de algodón en El Padrino para adoptar tan singular voz. O bien, que el gato del que se hace acompañar Vito Corleone en la primera escena andaba vagando por los estudios de la Paramount y su participación en la película no entraba en el guión. Centrémonos en lo esencial.  Por ejemplo, en un James Caan que observaba boquiabierto el comportamiento de los gánsteres de Nueva York llegando a interiorizarlo de manera prodigiosa. Lo cuenta Tim Adler en su magnífico libro Hollywood y la Mafia, 2007. Cann se mostraba convencido de que imitar la forma de caminar de los mafiosos podía resultar algo relativamente sencillo (de hecho, observamos en una escena del film de Coppola a Santino Corleone moverse con andares resueltamente chulescos tras despedirse de forma grosera de unos agentes federales que han irrumpido en la boda de su hermana Connie), sin embargo, adoptar su jerga resultaba, ya, harto más complicado. "Repiten ciertas palabras como cuando dicen '¿Dónde has estado, dónde?'  Tienen una jerga callejera propia. Sin duda, no es italiano, y tampoco inglés  (...)  Para indicarle a otro que alguien a quien ambos conocían había sido asesinado, un graciosillo levantaba sus manos delante de él, apuntaba con los dedos como pistolas y los dirigía hacia el suelo. '¡BabadaBoom!, decía, y ambos reían".  De manera bien significativa, escuchamos a James Caan pronunciar esa expresión en el instante en que comunica al consigliere Tom Hagen que Virgil El Turco Sollozzo ha solicitado una reunión con Michael (Al Pacino) para negociar un cese de las hostilidades entre las diversas bandas de Nueva York. Tampoco responde a la casualidad que, en la serie de televisión producida por David Chase, el club de striptease de Tony Soprano sea conocido como el Bada Bing!

A decir verdad, la atracción que sentía James Caan por los gánsteres viene de antiguo. El actor creció en Brooklyn, y llegaría a pertenecer a una banda callejera durante el curso de su adolescencia. Había reparado en que los mafiosos nunca pedían una copa, sino directamente la botella. La admiración no desapareció una vez alcanzado el estrellato. Caan puso, en 1988, su casa como aval para la fianza de diez millones de dólares de un narcotraficante conectado con la Mafia, para ser exactos con la familia DeCavalcante (Nueva Jersey), según fuentes del FBI. Joey Ippolito, ese era el nombre que recibía el delincuente, llevaba el negocio de drogas junto a Ronnie Lorenzo, un asociado de la familia Bonanno, utilizando de tapadera un restaurante italiano de moda en Malibú. En la vista,  James Caan llegaría a decir que consideraba a Lorenzo su mejor amigo, lo que no debió de influir demasiado en el veredicto del jurado, que condenó tanto a Lorenzo como a Ippolito a diez años de prisión.

Hallamos más curiosidades en relación con la obra maestra de Coppola. Casi con total seguridad, el lector habrá oído en alguna ocasión hablar del Comité Kefauver, en cuyas sesiones fue investigado el crimen organizado entre 1950 y 1951.  En un momento determinado, el conocido senador de Tennessee decidió trasladar la investigación a Chicago para celebrar sus tan sonadas audiencias, que por entonces eran televisadas y acaparaban con gran éxito la atención del público norteamericano. Topó con un problema. Sidney Korshak, un astuto abogado subordinado de la familia de Chicago, se reunió con Estes Kefauver durante tres cuartos de hora, donde tuvo oportunidad de mostrarle varias fotografías en las que aparecía el senador en la cama en compañía de dos showgirls en una suite del hotel Drake de Chicago. Al parecer, Korshak le dijo a Kefauver, al más puro estilo Tom Hagen, que hasta dónde pretendía llegar con sus indagaciones acerca del mundo del hampa. De manera nada casual, las investigaciones que sobre el crimen organizado desarrollaba el Comité Kefauver se vieron abocadas al fracaso. Lo que  recuerda a una famosa escena de El Padrino II, donde el senador por Nevada, Pat Gery, se vio envuelto en un escandaloso incidente que tuvo como trágica consecuencia la muerte de una pobre prostituta. Tom Hagen, que se ha desplazado en avión privado hasta la localidad en  donde se encuentra el burdel regentado por Fredo Corleone, en definitiva, el lugar de los hechos, tranquiliza al senador poniéndole la coartada en bandeja: "Llame enseguida a su oficina y explíqueles que volverá mañana por la tarde. Decidió (usted) pasar la noche en casa de Michael Corleone...en Tahoe. Como invitado" (...) "No tiene familia. Nadie podía saber que trabajaba aquí. Para mí como si no hubiera existido. Lo único que cuenta es nuestra amistad". El cadáver, de manera nada sorprendente, desaparece, pero también lo hace el pronunciado resquemor que Gery mantenía hacia la familia Corleone desde el principio de la película.

Por otra parte, también la cumbre celebrada en La Habana, en diciembre de 1946, tendría su repercusión en El Padrino II. En ella, mafiosos de la talla de Frank Costello, el primer ministro del hampa, Vito Genovese, Carlos Marcello, Sam Giancana o Meyer Lansky (Hyman Roth, en la película de Coppola) votarían por la eliminación de Bugsy Siegel, nada menos que el creador de Las Vegas. El precio de la edificación del Flamingo, primer hotel casino de Las Vegas, se había disparado. El Sindicato llevaba invertidos cuatro millones de dólares, una cantidad de dinero notablemente superior a la inicialmente estipulada. Por si ello no resultara suficiente, Siegel se había apropiado de seiscientos mil dólares procedentes de los fondos de sus socios inversores y había decidido fugarse con su amante Virginia Hill (a la que comparaba con un flamenco; de ahí, el nombre del hotel) a París. Para tratar este asunto fue convocada la reunión en el hotel Nacional de La Habana, en cuyas habitaciones se  registraron más de treinta mafiosos procedentes de Estados Unidos. Observamos una situación parecida en la escena de El Padrino II, donde Hyman Roth celebra su cumpleaños acompañado de sus socios gánsteres, y se pronuncia acerca de la futura situación de la Mafia una vez que él haya abandonado el mundo terrenal. El reparto del poder. Ah, se me olvidaba. Resulta más que asombroso el parecido existente entre Moe Greene (El Padrino) y Bugsy Siegel.  De entrada, ambos se iniciaron en el crimen organizado durante la Prohibición, transportando alcohol de calidad desde Canadá y teniendo por socio al mismo hombre: Meyer Lansky (Hyman Roth, en la ficción). En segundo lugar, Green, como en el caso de Siegel, es considerado el verdadero artífice de Las Vegas, una ciudad construida en pleno desierto. "Y no hay ni una placa, ni el nombre de una calle, ni una estatua que le recuerde en esa ciudad", añade Hyman Roth. En tercer lugar, y como se encarga de especificar Roth en una de las secuencias de El Padrino II, ambos comparten idénticas características de orden psicológico: "Conocía a Moe, era un cabezota, fanfarrón y muy hablador".  De hecho,  así ha sido retratado Siegel en la película Bugsy (Barry Levinson, 1991).  En cuarto y último lugar, el asesinato de ambos viene precedido por una decisión de la Mafia italoamericana por motivos concernientes al papel que desempeñan en la gestión del hotel casino de Las Vegas.

Aquellos que han leído la novela El Padrino saben que en la obra de Puzo la vida de Johnny Fontane (en realidad, un trasunto de la de Frank Sinatra) cobra mayor protagonismo que en el film dirigido por Coppola. Se debió al hecho de que Sinatra insistiese en utilizar todos los recursos legales habidos a su alcance para obstaculizar la producción de El Padrino. En cualquier caso, la Paramount se avino a razones y optó por reducir la parte en la que aparecía el cantante Johnny Fontane en la medida de lo posible sin dañar la estructura de la película. De nada le sirvieron sus buenas intenciones, ya que Sinatra se mostró inflexible en todo momento y amenazó al estudio con cursar nuevas medidas legales. No sólo eso, sino que, por añadidura, recomendó, por decirlo suavemente, al cantante Al Martino que abandonara inmediatamente el papel de Johnny Fontane. No alcanzó su objetivo. Lejos de sentirse intimidado, éste decidió contarle lo ocurrido a la cantante Phyllis McGuire, amiga íntima del capo de Chicago, quien telefoneó a Sam Giancana para hablarle en defensa de Al Martino. Fue a partir de entonces cuando, en palabras de Martino, "Sam le dijo a Frank que lo dejara correr, y eso fue el final de todo".

sábado, 11 de enero de 2014

LOS BROTES VERDES DE MARIANO


Ya en la Constitución de 1812 se decía, en su segundo artículo, que "la Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona" . Lo cierto es que España se encuentra en el presente secuestrada por una dinastía regia que en su desmedida ambición ha decidido explotar a la nación como si se tratase de un cortijo de uso privado, así como amordazada por una casta política desaprensiva e inepta que ha esquilmado a la ciudadanía con políticas erróneas y subiendo sistemáticamente los impuestos.

Así las cosas, no es de extrañar que los jóvenes se desentiendan cada vez que el Gobierno de Mariano Rajoy habla de brotes verdes, que es día sí y día también. Una encuesta del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud revela que el 82,6% de los jóvenes considera que dentro de un año el país estará igual o peor de lo que se encuentra en la actualidad, mientras que el 76% opina que sus problemas no ofrecen visos de solucionarse en un futuro próximo.

No conviene llamarse a engaño: la situación es crítica. En ese sentido, las declaraciones realizadas recientemente por Rafael Blasco, siete veces consejero de la Generalidad Valenciana, ante el Ministerio Fiscal sólo hacen que añadir un gramo más de pesar en nuestro ya de por sí maltrecho espíritu nacional. Blasco ha afirmado, entre otras cosas, que ni siquiera sabe enviar un correo electrónico, al tiempo que ha marcado distancias con el empresario Augusto César Tauroni. Del saqueo de fondos con destino al Tercer Mundo que salieron de su Consejería, nada conoce. Todo responde a una maquinación orquestada por los medios de comunicación.

No sabemos si Blasco le besa el anillo, o no, a Tauroni, pero sí, en cualquier caso, que pretende tomar por idiota al contribuyente valenciano. La actitud del ex consejero con respecto al ciudadano, que le paga el sueldo, entra en sintonía con la de los políticos en general, que viven a nuestra costa a cambio de hundirnos en la pobreza más inmisericorde.

Si salimos de esta, que empiezo a dudarlo, habrá de ser como nación. Adoptando un rumbo firme y decidido que nos permita deshacernos de esta lacra de dirigentes políticos que suponen el cáncer de nuestra sociedad. Con esfuerzo, sacrificio e iniciativa todo es posible. Por el contrario: divididos, narcotizados por el fútbol o Belén Esteban, y desinformados, resulta imposible.

lunes, 4 de noviembre de 2013

LOS SECRETOS DE LA COSA NOSTRA


Responde al título original de The Valachi Papers, y su protagonista, Charles Bronson, puede pasar prácticamente por cualquier cosa salvo por italoamericano, ya sea mafioso o no. Los secretos de la Cosa Nostra es ante todo una película fallida, espesa y carente de ritmo. Y miren que el tema da de sí. Por decir algo a su favor, he de reconocer que se encuentra sólidamente documentada, pues está basada en el libro de Peter Maas, donde se recogen numerosos detalles sobre la Mafia siciliana asentada en América.

Huelga recordar que Valachi fue un soldado de la Familia Genovese que estando encarcelado sintió su vida amenazada y decidió delatar a su jefe, don Vito Genovese, ante las autoridades públicas.  Su testimonio, que cobró un valor excepcional dado que supuso una fotografía desde dentro a un mundo tan restringido y basado en el secreto como el de la Cosa Nostra, fue retransmitido a la nación tanto por televisión como por radio. La detención masiva de hombres de honor en Apalachin, que después quedó en nada, había tenido lugar en 1957, unos años antes de testificar Valachi. Por aquella época, Hoover, el director del FBI, negaba, contumaz, la existencia de un Sindicato del crimen que se enriqueciera utilizando medios ilícitos. Los ciudadanos americanos barruntaban que algo debía de llevar el río cuando el agua sonaba tan estruendosamente, y el testimonio de Valachi vino a confirmar sus peores sospechas. Pero volvamos a la película de Terence Young.

En uno de los primeros capítulos de la tercera temporada de Los Soprano (David Chase, 1999), se produce la conversión de Christopher Moltisanti en hombre de honor. Tiene lugar en una estancia en penumbra si no fuera por un halo de luz que penetra tímidamente procedente de la ventana que el iniciado tiene situada a su izquierda. Todo el mundo permanece de pie. La escena se desarrolla con la solemnidad. Tony Soprano afirma: "Es una cuestión de honor. Y, Dios no lo quiera, si enfermas o te pasa algo y no puedes trabajar, nosotros nos ocuparemos de ti, porque somos los tuyos (...) Te mantienes en el seno de la familia". En Bonanno. El poder de la mafia (Michel Poulette, 1999), el ritual de iniciación se desarrolla igualmente con solemnidad. Las cortinas de las ventanas han sido corridas para que no ingrese luz desde el exterior. Las sillas han sido dispuestas en círculo, donde nueve miembros de la Familia Castellammarese de Brooklyn permanecen sentados, a excepción del protagonista de la ceremonia, Joe Bonanno, que continúa de pie hasta que no se le indique lo contrario. Enseguida irrumpirá en escena una minúscula mesa cubierta con tapete rojo, donde figuran un revólver, un cuchillo, una vela y una estampilla que contiene una imagen sagrada. Lo demás es conocido de sobra. Este ambiente no se refleja en la película protagonizada por Charles Bronson. Para presenciar la iniciación de Joe Valachi, más de veinte hombres se dan cita en lo que parece el salón de un restaurante, lo que sin duda resta intimidad y secreto a la escena. Las mesas están cubiertas con mantel blanco, lo que no deja de resultar curioso en un mundo tan opaco como el de la Cosa Nostra.

Por otra parte, la caracterización de Salvatore Maranzano resulta manifiestamente mejorable.  Sí, es cierto que hablaba varias lenguas y que poseía profundos conocimientos sobre el Imperio Romano, tal y como se refleja en la película, pero el personaje en cuestión no se nos presenta con tanta precisión como en la miniserie  Bonanno. El poder de la mafia, donde el líder de los castellammarese aparece representado con  gesto adusto y severo. Asceta y desconfiado. Líder eficiente. Su avaricia le traerá la perdición. En el film de Terence Young, por el contrario, Maranzano se asemeja al presentador de un número circense; un parlanchín que no se cansa de hablar ni de exponer sus conocimientos en público. Como ya hemos indicado anteriormente, la película se halla perfectamente documentada y es por ello que los asesinatos tanto del mismo Maranzano como de Joe Masseria El Jefe,  o de Anastasia El Ejecutor  concurrieron de forma idéntica a cómo se nos muestra en la película. Otro punto interesante del film tiene lugar cuando asistimos a la creación de las cinco Familias de Nueva York en 1931, tras el asesinato de Joe Masseria. Los datos, una vez más, son fiables, pero la escenificación deja mucho que desear. 

martes, 28 de mayo de 2013

LOS SOPRANO


Pienso que el éxito de la serie creada por David Chase se debe fundamentalmente a dos cuestiones: por un lado, a la identificación afectiva del espectador con el personaje protagonista, y, por otro, a la satisfacción por parte de Tony Soprano de nuestros deseos más inconfesables.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que Soprano, pese a dirigir el crimen organizado en el norte de Jersey, no deja de ser alguien que, como ustedes, se preocupa por sus familiares, ayuda a sus amigos en la medida de lo posible y resulta cordial con sus vecinos. Hablamos de un marido atento (salvo por sus infidelidades), un padre que quiere lo mejor para sus hijos (con Anthony Jr. llega a tener una paciencia extraordinaria) y, admitámoslo, de un amigo que en un momento dado te puede sacar de un apuro (Artie Bucco no me dejará mentir).


En segundo lugar, no resulta menos obvio que todos poseemos un lado oscuro. Por decirlo de alguna manera, cumplimos las leyes, al margen de cuáles quieran ser nuestras convicciones éticas, por temor a que el Estado pase sobre nosotros como si se tratase de una apisonadora. Seguramente, habrá leyes, normas o medidas con las que usted se muestre en franco desacuerdo y, sin embargo, las cumple. ¿Por qué? Por miedo a que el peso de algo que convencionalmente llamamos justicia caiga sobre usted mismo. En ese sentido, Tony cuando quiere algo, se apropia de ello. Lo coge sin más. Come con fruición, fornica compulsivamente con las stripers del local de Silvio Dante, roba cuanto se le antoja (ya sean cajas de un vino exquisito, o los fondos de los pensionistas de un sindicato) y se venga de quien haya osado arremeter contra sus intereses (en ocasiones, incluso se venga por puro amor propio como aquella vez en la que golpea incesantemente con su cinturón de cuero al asambleísta en el trasero por estar saliendo con su ex goomar).

Pero la cosa no queda ahí, porque Tony se muestra implacable con la traición. Castiga a Big Pussy Bompensiero a “dormir con los peces” por haber actuado de soplón para el FBI durante largo tiempo. E invita a su siniestra madre Livia a dormir el sueño eterno, ahuecándole la almohada en una camilla de hospital. No hay más que ver cómo concluye sus días Phil Leotardo para percatarse de que Soprano no es un hombre a quien convenga tomar a la ligera.

En ocasiones, Tony se vuelve iracundo, como cualquiera de nosotros ante una situación adversa, pero él, lejos de aplacar su ira y atemperar el ánimo, la transforma en un arma temible contra sus enemigos. Sin duda, la obsesión de Tony Soprano es el control. Y como tal no resulta extraño que entre sus lecturas preferidas se encuentre El arte de la guerra. No obstante, el pretender controlar la situación hasta tal punto que el riesgo desaparezca como factor a tener en cuenta, resulta algo intrínsecamente imposible, por lo que de ahí derivarán sus ataques de pánico. Entendemos, por tanto, que le resulte desesperante la conducta de su sobrino Christopher Moltisanti, un personaje absolutamente fuera de control, que acapara todos los vicios posibles.

Observamos también en la serie de HBO que Soprano tiende, al igual que su madre y su hijo, a la depresión y que en más de una ocasión un buen chute de adrenalina le hace abandonarla. Pueden ser dos negros disparando contra él por encargo de su tío Junior, o bien, una causa RICO pendiendo sobre su cabeza tras años de minucioso trabajo realizado por los federales, pero el resultado es el mismo: el riesgo, el tan temido riesgo, supone la mejor medicina para acabar con la rutina. Anthony Jr., sin ir más lejos, siente un auténtico subidón cuando observa su coche transformado en una inmensa bola de fuego y repara en que hacía menos de un minuto se encontraba recostado en su interior, dándose el lote con su atractiva novia ex modelo. El riesgo, una vez más, constituye el mejor acicate para desear seguir viviendo.

martes, 21 de mayo de 2013

¡ELCHE, CAMPEÓN!


Es inútil resistirse. La emoción nos embarga a todos aquellos que sentimos debilidad por el Elche c.f. Ya lo dice un cántico de Jove Elx: “Ser del Madrid o del Barça es muy fácil. Ser de nuestro Elche nos parece mejor”. Y, a decir verdad, estar condenado al ostracismo durante un cuarto de siglo al margen de la élite del fútbol español no ha resultado sencillo. Nada sencillo.

Seis años en la categoría de bronce para ascender épicamente en Baracaldo, con gol de Cuxart, y terminar descendiendo el año siguiente es, como diría Vanesa Minaya, tan...propio del Elche. El descenso en Jaén fue dramático.



Pero el club franjiverde no bajó los brazos, se repuso y retornó a la división de plata un año después en Melilla, tras haber cosechado un triunfo heroico en el Martínez Valero, de esos que crean afición,  gracias a un gol de Nino anotado en tiempo de descuento.

El letargo en segunda división ha resultado cuanto menos desesperante. Catorce temporadas, que se dicen pronto. Eso sí, han existido momentos inolvidables, destellos de gran fútbol que no deberían caer en saco roto como, por ejemplo, aquel 5-1 (Julián Rubio) endosado al Atlético de Madrid, un 4-0 (Julián Rubio) marcado al Zaragoza, el 6-0 al Alcorcón (Pepe Bordalás) o, sin ir más lejos, las dos últimas victorias obtenidas por los pupilos de Fran Escribá (¡grande!) ante al eterno rival. Precisamente, hace dos temporadas el Elche contó con una oportunidad inmejorable de retornar a la máxima categoría en aquella final de ascenso disputada frente al Granada. Cuantos presenciamos el partido sabemos lo que ocurrió, por lo que no entraré en detalles. Fabri, que en paz descanse futbolísticamente hablando, se cubrió de gloria. Y no fue el único.

Pero lo que el fútbol te da, el fútbol te lo devuelve a poco que un club invierta en ilusión, tesón, esfuerzo y, claro está, dinero. La pretemporada pasada ya pintaba bien, y no pretendo ser ventajista afirmando esto ni mucho menos. Pero el fichaje de Coro, auténtico culebrón del verano, resultó toda una declaración de intenciones. Fue un salto cualitativo. Y lo mismo cabe apuntar con respecto a otras incorporaciones como las de Rivera, Fidel –pretendido anteriormente por Bordalás–, Manu Herrera, que venía de realizar una gran temporada con el Alcorcón, o la perla valenciana Carles Gil. El uruguayo Damián Suárez era la incógnita y, sin embargo, se ha destapado como un lateral sensacional. Otra de las incógnitas ha sido el técnico Fran Escribá, que nunca había dirigido a un equipo como entrenador principal y que esta temporada ha brillado con luz propia tanto defensiva como estratégicamente. A balón parado –defendiendo y al ataque– es de lo mejor que he visto pasar por el Martínez Valero.

Los números hablan por sí solos. El Elche ha certificado el ascenso a primera división ejerciendo de líder desde la primera jornada y se encuentra a sólo un punto de erigirse como campeón de la división de plata. En treinta y nueve partidos, el club franjiverde ha encajado veinticinco goles (los dos últimos cuando ya no se jugaba nada en Almería). La clave del ascenso.

En días tan señalados como los que está viviendo la ciudad, resulta inevitable acordarse de viejos y recientes, aunque todos ellos, queridos amigos. Popeye, Bombilla, Paco Beltrán, Fina, Tonino, Galleta, Adri, Sabuco, Joseba, Moi, Miguel del Plá, Chiquitín, El Negro, Fede, Andresico, Alberola, El otro Negro, Choco, Luismi, Jeronim, Óscar, Carol Carbonero, Andrea Antón, los hermanos Mingo, Pinedo, el Mini Capo Álvarez, Pocholo, Jalisco, y un largo etcétera. ¡Por los presentes! ¡Por los que no están! ¡Este ascenso es vuestro! ¡Este ascenso es nuestro!
Page copy protected against web site content infringement by Copyscape Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
 
Ir Arriba